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La evolución de la artritis reumatoide es muy variable de un enfermo a otro, desde una afectación mínima, hasta un daño progresivo que evoluciona con mayor o menor lesión de las articulaciones.
Una vez que se inicia la enfermedad la mayoría de los pacientes presentan brotes de actividad que alternan con periodos de mejoría y aún de ausencia de síntomas (remisión) pero es importante tener en cuenta que a mayor persistencia de la inflamación sobre una articulación, mayor probabilidad de daño progresivo e irreversible. Normalmente la progresión más rápida de la enfermedad tiene lugar durante los 2 primeros años de aparición y es en estos cuando se produce el mayor daño.
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Posteriormente el proceso evoluciona de forma mucho más lenta. Por tanto, el diagnóstico precoz y la instalación de un tratamiento farmacológico adecuado son claves en el control de la enfermedad.
Algunas características de los pacientes pueden predecir el desarrollo de una enfermedad más agresiva. Estas son: presencia de alteraciones más intensas en las radiografías, nódulos reumatoides, valores altos de Factor Reumatoide y persistencia elevada de la proteína C reactiva (PCR) en las pruebas de laboratorio. |
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